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sábado, octubre 22, 2011

Sentido

Me gusta dejarme llevar, con el aire, con el silencio,

en los días raros, y no tan raros,
me gusta sonrojarme cuando me emociono, cuando me hacen reír,
cuando me pillan desprevenida,
me gusta cómo se marcan los hoyuelos en mis mejillas cuando río de verdad,
a carcajadas,
me gusta soñar despierta y que me acompañes,
me gusta hablar dormida y escuchar tus carcajadas junto a mi oreja,
y perder el miedo a decir nada que pueda hacerte marchar,
porque sé que no lo harás,
porque sé que todas las noches concluyen igual,
porque sé que puedo dormir profundamente
justo cuando siento tu aliento en mi nuca,
porque es entonces cuando todo lo demás pierde sentido.

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domingo, diciembre 26, 2010

Hoy que sé que vuelves

Al principio me costaba despertarme por la mañana sin tu risa sobre mi hombro y no poder espiarte cuando caminabas hacia el baño con la camisa que habías elegido tras dejar patas arriba el armario entero. Nunca comprendí que fueras capaz de pensarme dormida, con todo aquel escándolo ni el más profundo de los sueños habría pasado inadvertido tu ritual de las mañanas.

Quizás, pienso ahora, hacías todo aquel ruido a conciencia, para poder dejarme allí pestañeando y venir a terminar de despertarme a besos con el pelo completamente mojado, como el niño que sale del mar empapado y corre a abrazar a su padre para verlo estremecerse por una vez. Era imposible no sentir en esos momentos un sentimiento de amor odio hacia ti y hacia ese pelo mojado. Olías tan bien después de la ducha que no me importaba en absoluto tenerte cerca y despertarme con aquel olor a champú de mango y a pelo mojado y a fresco, pero fuera de la cama hacía tanto frío y a mí me gustaba tanto la sensación de calor bajo las sábanas que te maldecía por recordarme que fuera el mundo nunca era tan cálido. A tus besos los amaba, eso sí, era como levantarse por las mañana con un desayuno recién hecho, tostadas y colacao caliente y un croissant con mantequilla y un poco de queso, salado y dulce, todo mezclado, justo así eran tus besos. A veces incluso me levantaba saciada, con el estómago lleno de tanto beso.

La siguiente parte del ritual era la que más odiaba. Consistía en arrancar de cuajo todas las sábanas, las mantas, el edredón y mandarlo todo muy lejos, para que no me quedara otro remedio que levantarme a cogerlo si no quería morir de ese frío, con lo bien que se estaba bien tapada. ¡Cuántas veces lloré desconsoladamente para que no me quitaras las sábanas! ¡Al menos hoy no!, gritaba. Y tú ni caso, el frío, mi mirada de odio suavizada por los besos y mis intentos por recuperar las mantas siempre los combatías a golpe de abrazo. Te gustaba rodear mi cuerpo sin que quedara una pizca de mí que no estuviese en ti e incluso lo conseguías. Eras como una lapa, como una medusa gigante que te absorbe y se te queda pegada sin remedio, pero sentaban tan bien que a veces incluso podía volver a quedarme dormida en tus brazos, en tan sólo unos segundos, y a pesar de tus risas, tu pelo mojado, tu olor, tus besos.

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miércoles, diciembre 15, 2010

Fénix

No sé mirar por encima de los infiernos que coronan todas tus sonrisas, ni junto a los plieges de tu cuello, pero sí encontrarme en el camino a tus labios el rubor de tus lágrimas, el sincero color sonrosado que toman cuando te avergüenzan mis miradas y lloras lágrimas con tornasoles dorados y cierras todas y cada una de las ventanas, que no nos vea nadie, que tus mejillas mojadas pueden iluminar la estancia entera.

No sé escaparme más allá de los mares que salpican cada guiño de tus ojos, ni junto a la mueca que forma tu sonrisa, pero sí perderme en el sendero a tus hombros, en la línea fina que marcan mis dedos sobre tus brazos cuando el imán de tu piel las atrae inevitablemente, y me visto de invierno, completamente tapada, porque me gusta ver cómo la atracción va arrancándome poco a poco toda la ropa.

No sé pelear allá donde se esconde el hueco de las flores que decoran tu risa, ni junto al lugar en el que tu pelo comienza a ondularse, pero sí despertarme acurrucada sobre tus párpados, acariciando la brisa que recrean tus pestañas, y me duermo desnuda y sola, que me encuentres así a tu vuelta, que no quiero dañar tus pupilas con mis tacones.

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martes, julio 27, 2010

En sus manos

Apareció en mi casa, sin avisar, sabiéndose bienvenida a pesar de mis intentos por parecer distante, y se sentó en la mesa a mirar cómo preparaba la cena. ¿Te quedarás a cenar?, le pregunté. Si me invitas a una cerveza, me quedo a no ser que quieras que me vaya, fue su respuesta. Un movimiento rápido y, de repente, estaba detrás de mí, con la nevera abierta, buscando una cerveza a la que no le había invitado, y sacó otra para mí. Yo la necesitaba, no te imaginas cuánto.

Continué centrada en la comida, mientras la veía de reojo caminar hacia el ordenador, trastear con la música y volver a sentarse en el taburete que estaba frente a la barra, y ese cruzar de piernas y ver el borde de una falda que tapaba justo lo necesario, y subir y detenerme en su hombro y notar cómo se le escurría la camiseta, y mirarla a los ojos y pensar que todo era una locura, que no sabía por qué me sudaban las manos, por qué estaba allí, por qué no podía dejar de mirarla de esa forma.

Pero ella sí lo sabía, lo supo todo el tiempo, lo supo cuando dejé que hablara mientras volvía a ponerse junto a mí tras la barra, lo sabía cuando comenzó a darme un masaje en los hombros y lo sabía aún más cuando empezó a besarme y noté la forma de sus pechos en mi espalda.

De repente, noté sus labios posándose sobre mi nuca y sus manos deslizándose por mi columna hasta acariciar mis nalgas sobre la falda. Noté como me besaba el cuello con suavidad, esperando romper poco a poco todas mis barreras, respiré hondo y los ojos se me cerraron. Sentí su aliento junto a mi oreja, un hueles de maravilla, un qué te parece si dejamos la cena para después y unas manos que me agarraban con firmeza de la cintura, dime que no te apetece y no seguiré.

Un suspiro por mi parte fue la señal que necesitaba para dejarse llevar, continuó besando mi cuello con suavidad mientras sus manos se colaron bajo mi camiseta y se posaron sobre mi pecho. Después susurros, un date la vuelta que obedecí sin rechistar y una camiseta y un sujetador que salieron volando por la habitación.

Me sentía expuesta, terriblemente expuesta, aterrorizada, mientras su lengua se deleitaba jugueteando con mis pezones, inmóvil, mientras me dejaba hacer, sin saber cómo reaccionar, pero húmeda, muy húmeda, y aún sin entender que lo que tanto había deseado estaba sucediendo.

Fue entonces cuando noté una de sus manos buscarme bajo la falda y arrancarme las bragas de un solo tirón, mientras sus ojos me miraban desafiante y sus dedos corrían a deslizarse en mi interior, jugueteando a sus anchas, mientras ella analizaba no sin cierta premeditación, qué desataba mis suspiros, qué podía llegar a volverme loca. Siéntate sobre la barra, y eso hice, aún en mi estado de parálisis, y la vi agacharse junto a mí y posar con exquisita suavidad su lengua sobre mi clítoris, y detenerse ahí y saborearlo y chuparlo y besarlo como si el tiempo se hubiese parado para siempre.

Mientras arañaba con mis manos su espalda intentando acallar en vano mis gemidos, noté como sus dedos se humedecían de nuevo y tanteaban mi interior, un poco más adentro, le pedí entre gemidos. Separo su boca de mí durante dos segundos y me miró sorprendida por mi despertar, por mi reacción, pero contestó con una sonrisa y me obligó a avisarle cuando mi cuerpo estuviera a punto de estallar, me repetía al oído un ¿te gusta así? que me erizaba la piel y al que me costaba responder entre gemidos.

Aquella mujer estaba descubriéndome una nueva forma de disfrutar, y mientras mi cabeza le suplicaba que parara, mi cuerpo entero deseaba que siguiera buscando y me acariciara, más y más rápido, más y más adentro, mientras su lengua volvía a detenerse sobre mi clítoris y se movía con soltura en mi interior. Quería hacerme gritar y lo estaba consiguiendo, mi cuerpo se agarraba a duras penas a los bordes de la barra, mientras una serie de descargas me atacaban y ella no me dejaba terminar porque se paraba en seco para mirarme, para oírme gemir, suspirar casi aliviada y comenzar de nuevo, multiplicando mis sensaciones y retrasando ese orgasmo que amenazaba con llegar. Entonces lo vi acercarse, noté como sus dedos activaban en mi interior las terminaciones nerviosas justas, en el momento justo y que ella conseguía, aún no sé cómo, acompañar ese movimiento con el de su lengua.

Una sacudida me golpeó de inmediato y noté, como un escalofrío que me subía desde la punta de los dedos de los pies amenazaba con dejarme sin respiración, y ella lo notó y mientras sus dedos terminaban la tarea recorrió mis pezones ya duros con su lengua. Y al mismo tiempo que aceleraba el ritmo con sus dedos y me acariciaba dentro, con suavidad, pero con determinación, perdí la noción del tiempo y vi como el mundo se quedaba en blanco y dos sacudidas más hicieron que me retorciera sobre la mesa, mientras ella me besaba con fruición y me devolvía el aire que sus manos me impedían aspirar con normalidad, hasta que me oyó gritar, gritar como nunca antes lo había hecho, como nunca antes había imaginado hacerlo, y entonces caí rendida en sus brazos.

Y ella se reía, a carcajadas, como el malvado de una película que se regocija al ver su objetivo conseguido, mientras a duras penas yo conseguía mirarla a los ojos, aún sin ser capaz de creerme lo sucedido, y balbuceaba: gracias.

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sábado, abril 17, 2010

Abismo #3

El niño ha vuelto a entrar después de habeme hecho demasiadas preguntas. Llevo dos días esperando y rellenando instancias pero debe de haber algún problema con el registro porque aún no me permiten entrar. Después de 40 años de trabajo llego aquí y me tratan así, se me quitan las ganas de todo. Ahora podría estar en casa preparando algún viaje con Rubén ahora que no dependemos de los niños. Me dijeron que serían tan sólo unos meses y ya sé que he estado retrasándolo demasiado tiempo y que todo el mundo debe pasar por ello y que la única forma de mantener viva nuestra especie y que no afectará a mi vida ni a mis recuerdos ni a mi estado de salud. Sí, ya sé todo eso, pero me desespera estar aquí esperando como si no tuviera nada mejor que hacer.

Además, yo no soy la única culpable de haber llegado tan tarde, después del accidente cambiaron mis coordenadas y la Anfitriona decidió cambiar el destino que habían tatuado en mi muñeca, me ha costado siglos llegar hasta aquí. El niño regresa y me mira con desconfianza, incluso diría que puedo sentir cierto desagrado, para que le estoy haciendo trabajar más de lo que debería.

No puedo entrar, o eso dice, que Abismo tiene un registro duplicado y que no el Sistema no lo acepta y que no puede correr el riesgo de dejarme entrar y provovar un colapso del sistema central o algún cortocircuito que ponga en peligro toda la estructura. No me lo puedo creer, quizás pretende que me quede en esta sala de espera para siempre, que deje pasar el tiempo y que me sienta a escuchar las agujas del reloj de pared que tiene justo encima de la puerta de entrada a Abismo. Que hable con sus superiores, que le den solución, es sólo un problema burocrático, que no voy a quedarme en esta especie de limbo, que les pregunte a sus padres si hace falta.

Y el mundo estalla. El niño se ha enfadado de verdad. Lo sabía, sabía que lo que más les molestaba a estos niños es que los tratemos como tales, estaba advertida pero he perdido los nervios y ahora no entiendo nada de lo que me está diciendo. Grita, patalea y probablemente esté insultándome en su idioma. Ahora me arrepiento de no haber estudiado Abismal en el instituto, al menos sabría a qué atenerme, pero se ha marchado. Se ha marchado y me ha dejado aquí, a solas, con mi pasado y sin ningún futuro, sin amigos ni familiares que me acompañen, y de repente he vuelto a sentir aquel mismo vacío interior que experimenté después del accidente, como si me hubiese quedado sola con mi cuerpo, como si mi verdadero yo estuviese muy muy lejos de aquí, en algún lugar que no conozco. El tiempo que pasé en el hospital fue el más extraño de mi vida, no quiero volver a pasar por ahí, así que llamo al niño a gritos, me disculpo, pero ya no me oye, y yo vuelvo a pensar en aquellos cinco horribles meses, y lo único que quiero es que no me deje aquí, por favor.

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domingo, marzo 21, 2010

Abismo #2

Antes solía leer al menos dos horas al día, me gustaba aprovechar el tiempo invertido en los transportes públicos para mi lectura diaria, podía leer cualquier cosa que cayera en mis manos aunque no siempre disfrutara con ello, excepto los días en los que mis sábanas olían a él. Esos días los pasaba soñando despierta y me costaba mucho más de lo habitual levantarme de la cama porque su olor me servía de ancla con el mundo y me era imposible levarla en medio de la tormenta. El "izad las velas" que gritaba la tripulación al retomar la ruta era para mí el comienzo de una jornada en la que la lectura no sólo se hacía difícil, se convertía en una tarea irrealizable.

En Abismo no está permitido leer ni escribir, requisaron todos mis libros y cuadernos en la entrada, el niño los guardó en un cajón de su mesa, y la última vez que utilicé mi bolígrafo fue para firmar las hojas de registro, un sinfín de papeleo escrito en la lengua de los juzgados que ni me interesa ni quiero aprender. Tienes cinco meses, aprovechálos, decían, pero el tiempo pasa y yo no encuentro la forma en la que poder invertirlo.

Al menos una vez al día juego a identificar y a seguir los olores que me llegan. Resulta extraño que en medio de tanta oscuridad los olores parezcan los únicos supervivientes en el Sistema, quizás sea simplemente que la imposibilidad de ver está incentivando el resto de mis sentidos y estos olores proceden de un lugar lejano al que nunca podré siquiera acercarme. El olor a libros recién comprados, el olor a tierra mojada tras la tormenta, el aroma de las naranjas en mis manos después de hacer zumo, marejada y sol primaveral, champú de melocotón, crema solar hidratante, su olor en la almohada, quedan relegados al recuerdo a pesar de que la mayoría de los olores que me llegan y que no puedo aún identificar no pueden compararse con los de la vida que llevaba antes. Estar en Abismo es como empezar de cero, de nuevo, nacer en un mundo totalmente desconocido donde lo anterior parece únicamente un mal sueño. Me lo dijeron, sólo cinco meses, pero ¿cinco meses para qué?

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martes, marzo 09, 2010

Abismo

Nunca imaginé que el camino al otro lado fuese tan oscuro. Me recordaba a mí misma como Alicia, dormida bajo el árbol, persiguiendo conejos que siempre llegan tarde, saltando al otro lado del espejo y asustada -siempre me asustó- por esa gran sonrisa de gato que me perseguía por todas partes, pero nadie me contó que el camino al otro lado fuese tan oscuro. Imaginaba la vida en Abismo como uno de esos cuentos de hadas, bueno, no realmente como un cuento de hadas pero sí como una escalera de esas enormes, que comienzas a subir con entusiasmo, de la que te vas cansando poco a poco, de esas que te hacen pensar en dar marcha atrás y abandonar la subida, de esas que miras con satisfacción desde arriba, con el paso del tiempo y con la suficiente madurez para reconocer tu esfuerzo, yo subí todos esos escalones, diría. Recuerdo que había una de esas escaleras frente a una iglesia de Roma, aunque ya ni siquiera recuerdo el nombre y no sé si alguna vez podré volver a visitarla.

Aún me confunde esta oscuridad y tengo la sensación de que por algún motivo, en algún momento escogí el camino equivocado, giré en alguna desviación errónea o simplemente me equivoqué en más de una decisión, porque dicen que equivocarse una vez es necesario, que no existen destinos a los que se llegue sin haberse equivocado una vez, y yo les creo. Eso también me lo repitió el niño de la puerta. Se reía mucho cuando le dije que por fin había llegado, tantos años después de haber comenzado mi camino hacia Abismo, tantos años después de que la Anfitriona tatuara en mi muñeca mi destino, el que me correspondía según los resultados de mis test de personalidad. Quizás él ya sabía que me había equivocado de camino, en ese momento pensé que reía porque aún me quedaban todos esos escalones que subir, pero ahora tengo tantas dudas que incluso he llegado a pensar que cabe la posibilidad de que esto no sea Abismo, de que tenga que deshacer de nuevo todo el camino, pero con esta oscuridad no existe la forma de volver a atrás y ni siquiera tengo claro que exista un "atrás".


Desde que estoy en Abismo, incluso he perdido la cuenta de los días, me paso el día caminando y duermo cuando encuentro algo mullido en el suelo, pero no he vuelto a ver a nadie más desde que me despedí del niño de la puerta y su sonrisa sigue grabada en mi memoria, como la del gato de Alicia, y no puedo decir que la imagen del niño me asuste menos, ni siquiera un poco.

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domingo, noviembre 29, 2009

Un sandwich con huevo

Aquella tarde la cafetería estaba casi vacía y mientras yo me manchaba los dedos perfilando el borde de la taza de café que todas las tardes me tomaba en aquel mismo asiento, en aquella misma mesa, junto a aquella misma ventana, ella había usurpado mi lugar (sí, en aquel asiento, en aquella mesa, junto a aquella misma ventana) convirtiendo una tarde cualquiera en un amasijo de nervios en las manos, de rabia en los ojos y de desesperación. ¡Que se vaya! Y cuanto antes mejor. Que me deje mi lugar en la cafetería y releer los primeros versos de este nuevo libro, que aquí no puedo abrirlo, no hay suficiente luz, hay demasiado ruido (me molesta el ruido de la máquina de café y el camarero que grita a cocina un sandwich con huevo y el clinc clinc de la máquina registradora), y porque aquí me llega el frío de la puerta al abrirse, y después el de la señora que se queda en la entrada, que habla con alguien de afuera, que no se decide, y la puerta que sigue abierta y el frío que me llega, hasta que por fin entra y cierra y yo ya me he desconcentrado y así no puedo leer y mejor que se vaya, que me deje sentarme en mi asiento, en mi mesa, junto a mi ventana. No quiero nada más, gracias, ¿sabe si esa chica lleva mucho tiempo aquí? ¡Cómo que toda la tarde! ¡Cómo que debe esperar a alguien! ¡Cómo que es la primera vez que la ve! Y no se marcha, no parece tener intención de marcharse, dos tés, un croissant a la plancha, mientras mira por la ventana y pierde el tiempo y yo me desespero y no tengo nada que hacer, y me fijo en que casi no parpadea y que al otro lado no hay nada que mirar, y me desespero y pago y me levanto y todo a la mierda. Mañana pienso volver y espero por su bien que haya vuelto a parpadear de nuevo, pero en otro sitio.

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jueves, noviembre 05, 2009

Dos entierros

Quiero una pierna rota, una vía muerta, una historia ya vivida, un antihéroe tópico, una sonrisa forzada, un condón usado, una escalera mecánica sin electricidad, un infierno para jugar a los bolos, quiero dos entierros, una vía forzada, una historia mecánica sin electricidad, un condón roto, una escalera ya vivida, una pierna muerta, una sonrisa usada, un antihéroe para jugar a los bolos, un infierno tópico y dos entierros, uno por cada uno de los días que pienso llorarte y ni uno más.

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martes, noviembre 03, 2009

Índigo

Por la ventana del pasillo entra la luz de la luna esta noche, como todas las noches en las que la luna me castiga y me desata y no se apiada de mí mientras revuelve mis pensamientos con jirones de locura, de reflexiones y de sueños, mientras me traspasa su locura, así a cuentagotas, con la punta de los dedos, con las páginas de todos los diarios que nunca llegué a escribir.

En estos días, la imagen irreal de las sábanas tintadas por los haces de luna es el detonante para poner en marcha los conjuros de todas las brujas urbanitas que continúan vivas en el bajo de las escaleras de los zaguanes olvidados y se reunen endiosadas a planear la forma de manejarnos como marionetas insípidas, alienadas, insulsas, autómatas e impúdicas.

Y a veces conmigo lo consiguen, porque me dejo convencer, me deslizo y me rindo a sus sortilegios, porque me hechizan los tacones de aguja que nunca usé y la excusa perfecta de sentirme bajo encantamiento para poder dedicarme a vivir plenamente, sin prejuicios, sin límites, sin convenciones sociales, sin miedos.

La magia que despiden sus ojos de color índigo, inquietamente penetrantes, es también el color de las auras marcadas bajo sus encantamientos y el del rastro que dejan las pisadas de sus víctimas en el bordillo de todas las aceras de la ciudad donde ellas les obligan a detenerse a hacer acrobacias peligrosas antes de salir a comerse el mundo.

Hace tiempo que soy incapaz de ver el rastro de mis pisadas y mis músculos no me permiten repetir las acrobacias que hace unas semanas realizaba sobre el bordillo con tanta facilidad, incluso le he pedido a él que baile para para mí en el límite de la acera antes de que se marchara a demostrarme que es capaz de vivir en un carpe diem continúo y me trajera las pruebas de sus historias, y no tuvo problema para hacerlo. Sus pisadas azules se quedaron profundamente marcadas frente a mi portal incluso más vibrantes que las que yo conseguía dejar en mis mejores épocas.

Hoy al mirarme en el espejo bajo el reflejo de esta luna insidiosa me he preguntado si la culpa de mi impotencia para dejarme hechizar no la tendrán estas pupilas color azul oscuro que me miran desde el otro lado del cristal.

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sábado, mayo 30, 2009

Recuerdos

Devuélveme la sonrisa.
La que dejé juntos a tus labios.
Devuélveme la noche y las estrellas que robas secretamente para traerme engañada hasta tu habitación.
Los sabores con los que pinté el camino que baja por tu pecho.

Devuélveme los besos que te regalé mientras nos ocultábamos del mundo bajo tu almohada y los que me robaste a sabiendas de que nunca me marcharía sin recuperarlos.
Devuélveme el roce de las yemas de los dedos sobre tu piel y las formas que reflejaba la luz que se colaba por tu ventana.
Devuélveme los reflejos del amanecer en los mechones de tu pelo y las caricias sobre tu espalda.
Tus manos, alrededor de mi cintura y la sensación de tenerte dentro bajo esta habitación llena de estrellas.

Lo he pensado mejor. No devuelvas nada, sólo quiero recuerdos nuevos entre tus sábanas y verte sonreír y expirar una vez más.


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jueves, abril 23, 2009

Semana Literaria. Texto 3: Y si el mundo fallase... (réplica)

...sólo por un momento.

Si dejara de girar a una velocidad constante, si de repente se detuviera en el tiempo, ¿nos detendríamos nosotros también? Quizás ya se detuvo en algún momento en el que perdimos la sonrisa y se congelaron las lágrimas, en algún momento en el que la vida dejó de pasarnos.

Si dejara a medias su recorrido en torno al sol, si nos fallaran los astros y los satélites, y dejaran de llegar las olas a esta orilla, ¿dejaría de sentirme tan sola en medio de este planeta inhóspito? Quizás ya todo eso ocurrió y por eso no llegaron los mensajes de auxilio que te mandé en una botella, los que lancé desde la playa en la que viví mi infancia, en la que crecieron mis sueños.

Si se saliera de su órbita para tomar su propio el rumbo, para conocer otras partes del universo, si nos dejara atrás flotando en una nada invisible, sin atmósfera, sin posibilidad de comunicarnos ni respirar para vagar todos solos a la deriva entre las estrellas, ¿seguiría echando de menos nuestras risas? Quizás estoy vagando ya, desde hace meses, en esta nada que no es nada ni es algo, en este universo tan bello que no he ganado aún mi derecho a disfrutarlo.

A veces el mundo falla. Y mi cama antes pequeña se transforma en una constelación sin estrellas y a mi lado noto el hueco de un agujero negro que hace tiempo intenta absorberme, y que no tengo muy claro por qué ha llegado a crecer tanto desde que te fuiste.

Y si pudiésemos arreglarlo...

...sólo por un momento.



Éste texto es una réplica al escrito hoy por Darkblue7.

Si quieres leer más textos de la Semana Literaria, aquí están.


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miércoles, abril 22, 2009

Semana Literaria. Texto 3: Sin artificios

A menudo sólo somos. Así, sin más, sin artificios, ni definiciones ni preámbulos, ni nubes en el rostro ni aviones que caen en picado.

Lo bueno sería aceptar y asumir que sólo somos, que no hay que darle más vueltas, que no tiene sentido, que el universo está lleno de elementos que sólo son y no por ello dejan de ser, ni son más o menos útiles, ni más o menos bellos.

Somos y justo ahí está el secreto.

No te escabullas mientras duermo para rizar los jirones de nuestra existencia ni salgas corriendo cuando el miedo ya no te deje existir. Al final sólo somos y eso es lo que cuenta.


Puedes leer la versión de Darkblue7.

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martes, abril 21, 2009

Semana Literaria. Texto 2: El olor de tu reflejo (réplica)

El día que decidí morir ni siquiera mi familia estaba cerca para impedírmelo. Elegí uno de esos días en los que las visitas estaban prohibidas, uno de esos festivos en los que la mayor parte del personal se tomaba el día libre para visitar a sus parientes. El día que decidí quitarme la vida, probablemente ni siquiera yo estaba allí.

Las cosas no estaban tan mal por ese entonces, el mundo parecía haberse reordenado tras la tormenta y los días transcurrían tranquilamente. Ya no necesitaba los calmantes y podía pasarme horas conversando con las enfermeras de mi planta sobre el clima, el gobierno de turno, lo guapo que aparecía Jude Law en su última película o las erratas que aparecían en los libros que leía mientras permanecí en el hospital.

No era un día especialmente trágico, no había ningún suceso anterior en mi vida que hubiese recordado, ninguna nota en el calendario que provocara una recaída, ni siquiera una llamada o una carta que no me apeteciera recibir. No, mi pasado no volvía a tomar las riendas en mi vida ni me impedía sonreír. Alejandro, el psicólogo que llevaba mi caso, tampoco lo entendió. Había dedicado media vida al estudio y a la especialización en su campo y de repente una paciente que parece curada decide saltar por la ventana sin razón aparente.

Pero siempre hay razones para las acciones enfermizas.

Ni siquiera una estricta dictadura militar podría haber impedido mi caída al vacío aquella tarde, ni el recuerdo de los días en el campo con los abuelos. Cualquiera en mi situación lo hubiese entendido sin reparos.

Nuestra relación siempre fue enfermiza, una adicción al otro, probablemente sin motivos, pero más peligrosa que cualquiera de las drogas y una desaparición que nunca entendí, bueno, que nadie entendió, no había sido la mejor forma de ponerle fin.

Todas las drogas que he tomado, he conseguido dejarlas poco a poco, sin decisiones bruscas, sin aspavientos, en pequeñas dosis. Tu partida no sirvió para nada. Me quedé aquí, sufriendo el mono, anclada en este sin saber, en esta sensación de que me falta algo, de que ya nada tiene sentido, de que mataría por tener tan sólo una pequeña dosis de ti.

Y eso hice. Aquella mañana me desperté con tu olor en mi almohada, y de repente, comenzaron de nuevo las taquicardias, la ansiedad, la búsqueda, los ojos en blanco, la vida, la euforia, el caos. Busqué infructuosamente el origen del olor con la mirada. No había nadie en la habitación, nadie en la puerta, no se escuchaban voces en el pasillo, la televisión apagada, la ventana cerrada, el suelo limpio, flores en el jarrón, sábanas recién estrenadas, nada.

Entonces lo vi. Había un pequeño pájaro muerto junto a la puerta. No sé cómo llegó allí ni cómo murió, probablemente se golpeó tontamente contra el cristal de la ventana o el ventanal de la puerta. Pero allí estaba, trayendo ese olor hacía mí, ese olor a muerte, a tu muerte, a ti. Regalándome los efluvios de tu último día conmigo. Entonces lo vi. Había encontrado la solución a mi enfermedad.

Ahora todo está oscuro, alguien canta algo a mi alrededor y noto como el mundo se mueve bajo mis pies. Han intentado perfumarme para liberarme de tu olor incluso ahora, que todo tiene sentido. Pero no lo han conseguido.

Yo sí, porque siempre hay razones para las acciones enfermizas, y este ataúd cerrado con el olor a nuestra muerte es justo la dosis que necesitaba para el resto de mi vida.


Puedes leer el original en la página de Darkblue7.

Si lo que quieres es saber de qué va la Semana Literaria, aquí te lo cuento.

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domingo, abril 05, 2009

Blogosexo

Llevaba 10 minutos observándole mientras charlaba con sus amigos en la barra. Estaba casi segura de que era él pero un par de fotos borrosas subidas en algunas entradas años atrás y registradas tímidamente en mi memoria no eran garantía para nada ni nadie.

En persona resultaba mucho más guapo y más alto de lo que recordaba, la camiseta negra y los vaqueros le hacían justicia y me entraron unas ganas locas de desnudarle allí, sobre la barra del bar.

Él me descubrió en la Red unos años antes aunque nunca supe muy bien cómo. Un único comentario en mi blog y una lectura rápida del suyo fueron suficientes para crear esa conexión que se genera irreversiblemente entre los nuevos escritores de internet.

-Perdona, ¿tú eres Holden de 'Señor Antolini'?, me ha parecido que...

Después una cara extrañada, un sí, ¿y tú? Alnitak de Érase una vez el caos. Ah, encantado, nunca había visto una foto tuya. ¿Y el blog? Lo echamos de menos. Lo he dejado. A mi inspiración le faltan recursos para sobrevivir a la crisis. Nos cierran. Vivo aquí. Dos besos. Nos vemos pronto. A lo mejor te apetece subir. Después de todo eso, sólo fueron necesarias un par de palabras para llevarme hasta su cama.

Me convertí en una nueva entrada sin salida posible y formateé todos sus archivos pasados, resulté ser el
widget más deseado, llené su librería de sensaciones íntimas, dibujé la forma de su boca sobre su espalda, escribí un par de poemas en su regazo, imaginé temperaturas de más de 40ºC , conseguí subir el volumen de sus gemidos, releí despacio su cádaver exquisito mientras él se dejaba en la punta de la lengua mis instintos.

Esa noche dejé que pasara de leer mis letras a leer mis curvas, a consciencia, que me recitara al oído todo aquello que nunca podría escribir en el blog, que dejara su firma en el interior de mis muslos, que deletreara nuestros nombres en mi ombligo, que redactara cuatro entradas en el camino que va entre el lóbulo de mi oreja y mi pecho, que colocara un par de enlaces en el nacimiento de mi nuca, que afilara la línea que escriben mis hombros, que garabateara sus deseos cerca de mis pezones, y corrigiera el diseño de los lunares que descansan en la ruta que marca mi columna vertical, que revisara la ortografía de todos mis labios con su lengua, que tecleara un par de frases en mi interior, que pasara de entrar en mi blog a entrar en mí y que descargara por fin algunos de sus archivos.

Nos separamos cuando salió el sol, exhaustos pero llenos de vida, después de un desayuno como el que sólo se merecen las noches así, y volvimos a nuestros mundos paralelos que, de repente, nos parecían tan lejanos.

Desde entonces, todo sigue igual.

Es lo bueno de inventarse nuevas palabras como el '
blogosexo' y llevarlas a la práctica, después no hay lugares comunes, amigos comunes, ni pasatiempos ni actividades compartidas, ni ninguna relación que pueda llegar más allá de nuestra red de blogs.

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miércoles, marzo 11, 2009

El vacío

¿Qué es el vacío?, me preguntó Martín. Martín tenía sólo 5 años y no podía entender que un vaso vacío estuviera realmente siempre lleno. No podía entender que lo que había dentro del vaso vacío era aire, y por tanto el vaso estaba en realidad lleno.

En ese momento, y mientras intentaba encontrar la mejor forma de explicarle a Martín la definición científica de vacío, yo me pregunté qué pasaba entonces con los refranes y los consejos.

Se supone que deberíamos ver siempre el vaso medio lleno y no medio vacío, pero todo cambia si nos damos cuenta que en realidad, el vaso está siempre lleno, lo que cambia es el contenido.

En ese caso quizás, lo importante no es ver el vaso medio lleno, sino tener claro que el vaso, siempre, siempre, siempre está lleno, y que tenemos que aceptarlo y alegrarnos de que lo esté, pero sobre todo, ser conscientes de todo lo que contiene nuestro vaso, tanto si es en estado líquido como gaseoso.

Pero además, según la Sociedad Americana de Vacío (AVS), el término vacío se refiere a cierto espacio lleno con gases que se encuentra a una presión total menor que la presión atmosférica, y por tanto, entre menos presión se ejerza menos vacío.

¿No debería ser al revés? La presión social, cultural, psicológica e incluso la física al final nos llevan al vacío, al no saber quiénes somos y a la pérdida de nuestra verdadera identidad.

-Bueno, Martín es que es un poco difícil de explicar.

La filosofía oriental dice que todo está vacío, que no existe nada que tenga una esencia individual sino que todos y todo formamos parte de un sistema mucho más amplio, siempre relacionados e interdependientes entre nosotros.

Muy bonito. Pero me gusta más pensar que mi vaso nunca está vacío. Pensar que todo es vacío no me parece nada productivo aunque el budismo lo haya tomado como base de muchas de sus ideas.Y hay días en los que me siento llena, muy llena, completamente llena. Hoy no, pero no me gustaría dejar de tener esa sensación.

- A ver Martín, yo creo que todo está lleno, porque aunque esté vacío, en realidad, eso significa que hay vacío y si hay vacío hay algo...

¡Ay! Me dí cuenta de que estaba comenzando a no entender nada y por tanto no iba a poder explicárselo a Martín. Aunque también temía reconocer que nunca lo había entendido, como todas esas cosas que estudiamos en el colegio y que nunca llegamos a comprender pero asumimos como verdaderas (con la suficiente fe) para que no nos suspendieran.

O quizás lo olvidé. Con los años. Quizás se ha creado un vacío en mi memoria en torno a la definición de vacío. La Psicología Social alabaría los vacíos que se generan en la memoria (¿o era en la forma de estudiar la memoria?), esas casillas vacías del tablero de ajedrez que nos permiten movernos hacia un lugar seguro o hacia la esquina adecuada para atacar al enemigo y nos ayudan a cambiar la perspectiva de la partida.

Me gusta el vacío. Sin duda. En el fondo, es útil, es práctico, es necesario, es interesante, es difícil, es curioso, pero sobre todo, el vacío está lleno.

-¿Lo entiendes Martín? No sé quizás deberías esperar unos años para poder comprenderlo mejor. Cuando seas mayor...

Cuando seas mayor lo único que tendrás claro es cómo se siente uno cuando experimenta alguno de los dos vacíos importantes: el del corazón (que no es doloroso pero nos hace sentirnos un tanto raros) y ese que parece que va creciendo con cada segundo que pasa y se vuelve omnipotente tras periodos de enfermedad vigilada, ese agujero en el estómago, que nos avisa de que ha llegado la hora de comer.


Yo prefiero salir huyendo y dejarme caer por la décima y undécima acepción de vacío que aporta la Real Acadamia Española de la Lengua, disfrutar del abismo y bailar un rato para olvidar tanto vacío de otros tipos.

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miércoles, diciembre 31, 2008

Rompiendo esquemas

Y de repente llega un día una persona que te rompe los esquemas, te los tira abajo, del plumazo, te cambia las caras, las sonrisas, incluso la mirada y todo pasa sin que tengas muy claro cómo ha llegado a suceder.

A veces te la encuentras en la cola del supermercado, al volante de una guagua, en el donut que va tras de ti en un parque acuático suizo o en la butaca contigua en ese avión que has estado a punto de perder. Otras veces resulta que has estado a punto de atropellarla con tu bicicleta, que se ha sentado junto a ti en la sala de cine, que el vuelo se retrasa y decidiste tomar un café con él en el aeropuerto o esa cita a ciegas que tu amiga planeó para poder ligarse al otro amigo. Algunas veces sucede que es la persona que se te ha colado en la barra del bar pero se ofrece a pedir también por ti o esa chica que encontró tu blog por casualidad en el ciberespacio o ese amigo del amigo de una amiga al que sólo viste un día en una excursión a la nieve.

Lo importante es que esa persona llega y te rompe los esquemas, los destroza y eso, en lugar de molestarte, te revoluciona, te crece y te llena de vida. Sobran las palabras, y una mirada desde el otro lado de la mesa es más que suficiente, un beso de despedida en la mejilla o esa primera noche juntos en la que la magia brota por los poros de la piel y el mundo parece detenerse junto a la ventana.

Yo pensaba que eso sólo podía sucederle a los demás, que vivir intensamente no era sinónimo de amar intensamente y que las intuiciones no eran más que pensamientos perdidos, pero a veces eso ocurre...

Por eso me alegra tanto que estés aquí, releyendo mis palabras por encima de mi hombro y sentir tu aliento junto a mi oreja, que hayamos pasado una de esas noches en las que he rebuscado en los bolsillos de tu pasado y no he encontrado piedras en el camino, y entonces he decidido vaciar los míos y tender las lágrimas a secar al sol.

Me alegra saber que mañana me dejarás recorrer tus rincones perdidos y saciarme con las gotas de la vida que desprendes y que volvamos a revolcarnos de risa con los castillos de naipes que construimos en el cielo de esta cama, porque por alguna extraña razón se mantienen en el aire sostenidos en nuestro montón de quimeras.

Y mantener y alargar esta locura, llevárnosla de paseo, como ése último paseo por la playa antes de olvidarnos del mundo, y zozobrar en la orilla y amanecer a tu lado esquivando las cosquillas de tus labios y el sabor dulce de tus manos acariciando mi cuerpo.

Y por una vez en la vida, me alegra que me rompas los esquemas, que pueda venir aquí a escribirlo y que hayas dejado por unos segundos de besarme para permitirme escribir.

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lunes, diciembre 15, 2008

Tu definición de amar

He pasado diez días llorando, intentando creerme que no me importaba esta situación, que soy capaz de sobrellevarla valientemente, que no se trata más que de un pequeño obstáculo sin más complicaciones. Diez días pensando que realmente no estoy enamorada de ti, que nunca lo he estado, que no se trata más que de un momento y una situación, estabas ahí frente a mí, en el momento adecuado y el lugar adecuado, y que me dejé engañar por mi creciente necesidad de amar. Amar incluso sin ser correspondida, simplemente amar.

Me ha tomado diez días analizar todas y cada una de las cosas que no me gustan de ti, y encontrarte los suficientes fallos como para neutralizar aquello que me conquistó y me enamoró, aquello ahora tan lejano que se me antoja casi un sueño. Diez días de buscar excusas para reír, y cosas en las que pensar para alejarte de mi cabeza, y olvidar cuánto te echaba de menos. He pasado más de una semana autoconvenciéndome de que no mereces la pena, de que todo esto ha sido una especie de espejismo sin sentido, de que una relación con alguien así no me lleva a ninguna parte.

Y he descubierto que todo lo que me aporta tu amistad desaparece cuando pienso en ti como algo más allá, y que esa inestabilidad de tu personalidad que me seduce, me desconcierta y me vuelve loca, es también lo que me está matando por dentro. Es justo esta inestabilidad, esta capacidad tan tuya de cambiar de opinión como de camisa y esa incapacidad para asumir riesgos la me impiden confiar en ti. Y si no confío en ti, ¿de qué me sirve amarte? Sin confianza, mi amor por ti no es más que un amasijo descontrolado de celos y de miedo a perderte, y esa inquietante cara oculta de tus sentimientos que es el hecho de que no me quieras lo suficiente.

¿Cómo puedo saber que no estás aquí ahora contándome todo esto sólo porque las cosas con ella no han ido bien? ¿Quién me va a confirmar que realmente sientes algo más fuerte por mí y que me has echado tanto de menos, si no me veo capaz de confiar en la única persona que lo sabe de verdad? Diez días que no quiero tirar a la basura, no puedo pasar página y seguir luchando por algo que me ahoga cada día un poco más. Y estoy aquí deseando decirte que sí, que yo también te quiero; y no puedo, porque detrás de esta persona a la que amo está el cabrón que ha estado impidiéndome vivir mi vida por miedo a perder algo que no es suyo. Está ese cobarde que no sólo no me gusta, sino al que he llegado a odiar porque irradia egoísmo, inmadurez y cobardía a partes iguales. Ése que puede volver a surgir en cualquier momento, ése que me ha hecho todo el daño que otros me habían evitado hasta ahora, ése al que no puedo ni quiero ver, ése al que no tengo rencor, pero no puedo olvidar.

Para poder arriesgarme a apostar por esto necesitaría empezar de cero, borrar todo lo que ha pasado, olvidar para siempre lo que ocurrió, y estar segura de que todo ha sido un sueño y que no volverá a repetirse nunca más. Pero es imposible, eso es algo que sólo sucede cuando mi cabeza funciona lo suficientemente rápido para engañar a mi cerebro en sueños, y entonces me veo en situaciones como ésta, besándote y arriesgándome a vivirlo, pero es justo en ese momento cuando me despierto y te imagino en Barcelona con ella y me doy cuenta de que ya está bien de pedir imposibles.

No te das cuenta de que estás siendo tú el que te engañas, el que juegas a estimar lo que te falta, porque es entonces cuando lo percibes, pero te equivocas al comparar necesidad o estima con amor. Hemos tenido esta conversación miles de veces, y te lo repito: Tenemos percepciones muy diferentes del significado de amar. Y tu comportamiento no refleja ni de lejos aquello que está incluido en la mía.

Hoy, aquí y ahora, ¿estarías dispuesto a luchar por eso que sientes sin condiciones?
...
Lo has pensado demasiado, no te engañes. Esto no nos lleva a ninguna parte, no tiene sentido seguir dándole vueltas.

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viernes, noviembre 14, 2008

Desnúdate antes de entrar

Creo que yo me lo merezco ¿no? Deja tu ropa sobre el sillón del salón pero cuando entres en mi habitación no traigas nada contigo. No necesito saber cómo vistes ni a qué tribu urbana perteneces para hacerte el amor a fuego lento junto al balcón. Tampoco necesito que te traigas los papeles del trabajo o la corbata de las reuniones para deslizar mis manos sobre tu cuerpo y aspirar tu aliento a bocanadas. No necesito tus zapatos obstaculizando nuestros bailes por la habitación ni el cierre de tu cinturón impidiéndome comerte a dentelladas. No, de eso nada. Yo me merezco mucho más.

Me merezco tus suspiros junto a mi oído, sentir bajo mi piel el tambor incesante de tu respiración y el batir de alas de tu corazón. Necesito descubrir a qué sabe tu piel, saborearte, besarte, lamerte, escurrirme entre tus piernas y quedarme ahí para siempre. Necesito atravesar tu espalda con la yema de mis dedos y dibujar la geografía de nuestro mundo imaginado y de todas las aventuras que aún nos quedan por vivir dentro de esta habitación.

Desnúdate antes de entrar, porque aquí no vale nada de lo aprendido fuera, aquí me vale lo que eres tú, las máscaras olvídalas en la puerta, los miedos olvídalos en la puerta, pero sobre todo olvida el miedo a tus propios deseos. Aquí todo es posible, la palabra no está prohibida y el deseo se apodera de los cuerpos desnudos sin piedad pero con mucha picardía.

Déjame adivinar lo quieres, lo que fantaseas, lo que deseas sin demora, y déjame hacerlo realidad. No me escucharás pedirte que te vayas pero tendrás que estar dispuesto a aceptar sin prejuicios que mis deseos no tienen límites y que hace tiempo que espero que me des, todo aquello que otros no han conseguido darme.

Desnúdate antes de entrar, y olvídate del mundo que nos rodea porque desaparece cuando nuestros cuerpos se funden y el universo se esconde en esta burbuja de placer. Pero sobre todo, desnúdate antes de entrar porque yo tengo intención de hacerlo.

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domingo, septiembre 28, 2008

Niños azules

Los niños azules han invadido la ciudad. Sí, probablemente aún no los hayas visto pero están aquí y no tienen ninguna intención de marcharse. A veces nos espían entre la multitud vigilando nuestros movimientos y contando los suspiros que dejamos escapar a nuestro paso.

Los niños azules son seres inmensamente felices, se alimentan de la risa propia y ajena, respiran sonrisas y su única ocupación real es repartir abrazos a diestro y siniestro. Lo de coleccionar suspiros vino mucho después, justo cuando decidieron emigrar y mudarse para instalarse a nuestro alrededor. En su país, una muchedumbre de niños colapsa las calles de la
ciudad con maratones continuos de abrazos y la vida comenzaba a ser un tanto rutinaria.

Los más atrevidos han decidido aventurarse a sobrevivir aquí, a pesar de que las risas escasean y los abrazos no son de nuestra predilección. A menudo se sorprenden de que podamos vivir en un ambiente tan frío, triste, gélido desde su punto de vista.

Ése fue el motivo por el que comenzaron a coleccionar suspiros. Para los niños azules un suspiro vale más que mil palabras pero lleva muchísimo tiempo aprender a identificarlos. Saber diferenciar entre suspiros de resignación y de amor es lo primero que se aprende pero la diferencia entre un suspiro de cansancio y uno de indiferencia es tan mínima que cualquier leve aproximación puede llevar a una terrible confusión.

Sin embargo, el trabajo minucioso y bien hecho es otra de las virtudes de estos pequeños seres que no descansarán hasta que consigan averiguar al primer sonido lo que le ocurre y consecuentemente, lo que necesita cada persona.

Aparentemente, estos niños son iguales a cualquiera de los nuestros pero visten con prendas mayoritariamente azules y se muestran mucho más cariñosos y amables. Si uno de estos días te los cruzas por casualidad, no intentes escabullirte y déjate convencer para que te premien con uno de sus abrazos. Seguro que no te arrepentirás, yo aún continúo con una sonrisa de oreja a oreja.




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Son tiempos difíciles para los soñadores...
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