lunes, febrero 18, 2013

Respirar, a duras penas

A menudo siento que me miras  a escondidas, pero aunque lo intentes, noto tu mirada, ahí haciéndome cosquillas en la nuca,  como un niño travieso que intenta colarse por el cuello de mi camisa. A menudo siento tus manos deslizándose por mi cintura y apretando tu cuerpo con fuerza junto al mío. Siento como acompasamos nuestras respiraciones, sin intentarlo, sin esforzarnos, como parte del proceso natural de llegar a ser uno, con nuestras particularidades pero respirando al unísono.  

Ahora que tu respiración ha dejado de escucharse, que volvemos a ser suspiros discontinuos, que no he sido capaz de mantener el ritmo de mi respiración acompasada a la tuya, sobrevivo con exhalaciones confusas, irregulares, con esta especie de apnea inconclusa que permite el paso del aire justo para mantenerme con vida pero no el suficiente para llevar una vida regular.

Lo sé,  soy la única culpable, ha sido decisión mía permanecer intacta, inamovible junto a mi respirador, ese que ahora, oxidado, sopla para que no me desinfle por completo. Soy yo la que no ha sabido comprometerse de verdad, la que huyó asustada el día en el que nos conocimos,  el dia en el que me visitaste y casi todos los dias desde entonces.

Soy yo la que tiene demasiado miedo a tirar a la basura el respirador incluso cuando respirar era una actividad sana junto a ti. Soy yo la que huye ahora, porque se siente sin fuerzas para compartir respiración,  sin fuerzas para seguir intentándolo,  sin fuerzas, sin más.

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miércoles, abril 11, 2012

Miedo a los aviones que despegan

"- ¿Sabes lo que más me asusta?-.
No debe saberlo porque no dice nada.
- Tu miedo. Y el entusiasmo detrás de tu miedo.
- Es curioso porque a mí es tu falta de miedo lo que más me asusta.
- Tengo tanto miedo como el que más miedo tiene. Aunque supongo que es un miedo distinto.
- No hay un miedo distinto. Siempre es el mismo miedo.
– No exactamente.
– ¿No exactamente?
– No exactamente. Tu miedo empieza cuando despegan los aviones y el mío cuando los aviones aterrizan."*

En el fondo es el mismo miedo, el mismo, el que lo recubre todo, el que me acobarda ante las cosas más sencillas. Una llamada, una petición, un "plus one" de esos de las bodas americanas, iremos Sandra + 1, y todo un amplio abanico de posibilidades abiertas, desparramadas sobre el páramo a elegir.

Mi miedo es el de los aviones cuando despegan, y con todo ese entusiasmo detrás de mi miedo, porque una cosa no niega a la otra. Mi miedo se sienta ahorcajadas y encuentra bajo los peldaños de cualquier escalera la llave para despegar, y pocas veces la utiliza. Se deja llevar, piloto va y piloto viene, cuesta arriba y a paso tranquilo, siempre hacía arriba.

Son los aterrizajes los que no soporto, los que se me atragantan en la garganta, los que me recuerdan a tiempos pasados. Es el miedo al aterrizaje el que hace que se seque la verdadera intensidad. Mi MIEDO, así, con mayúsculas y negrita, es el miedo al fracaso. El miedo a reconocer que otra historia se acaba, el miedo a recordar lo poco que duró y el ridículo de volver a pasar por ello y escuchar los chismorreos en la tasca de del pueblo. Miedo, al "qué raro", "nadie la aguanta", "con lo majo que era este chico" y un sinfín más de frases conocidas y resabidas, que una con el paso de los años se sabe de memoria y que no son más que un intento fácil de humillación absurda.

Y sí, es verdad, me aterra el miedo de los aviones que despegan, el despegar, el levantar los pies del suelo, el volar sin saber a dónde se vuela, y ese nudo en el estómago, como en las películas en blanco y negro, cuando la escena se para y los actores se miran y la cámara salta de uno al otro como en un incómodo partido de tenis. En éste, la pelota está en mi campo, y lo sé, pero aún no soy capaz de enviártela con la misma fuerza, o aún no he decidido como preparar el saque, pero sigo jugando, aquí en la cancha, justo enfrente de ti.

No tengas miedo a los aviones que aterrizan.

"Tokyo ya no nos quiere" (1999), Ray Loriga

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miércoles, febrero 08, 2012

Despite of all

I am happy, really happy.


And it feels strange, again, but it feels good too.



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Son tiempos difíciles para los soñadores...
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