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sábado, febrero 04, 2017

Página en blanco

Empezar un cuaderno nuevo siempre da un poco de pánico, como lanzarse al vacío, más o menos. A Victoria siempre le ocurría lo mismo, llenaba páginas, con palabras sin sentido, mientras se veía incapaz de rellenar una sola cara de la primera hoja.

"Sagrada", se llamaba la hoja, pero ni siquiera tenía puesto el nombre, para averiguarlo tenías que preguntarle a la segunda hoja, "Sabelotodo", que era una especie de índice, lleno de tachones y correcciones, como todos los índices hechos a mano, que parecen más un collage improvisado que algo similar a una guía. Y de ahí se saltaba a la tercera, titulada irremediablemente "Caos", por si todo lo anterior no lo había dejado claro aún.

"Caos" era..., bueno, era una hoja, aunque a ratos sólo una página, y algunas veces era página en blanco, pero atrás en negro. Y era también un lienzo donde se mezclaban palabras e imágenes y todos cantaban a una, porque bailar era mucho más triste a pesar del desorden y el sinsentido.
La cuarta hoja se llamaba "En Blanco" y ésta sí que tenía un nombre acorde con su personalidad también blanca, tan en blanco que ni siquiera sabía escribir su nombre.

"Sueños" se llamaba la quinta hoja y allí todo estaba nublado, Victoria escribía con tinta de sopor y lápices de siesta y, a veces, sólo a veces, borraba algunas frases con goma de soñar despierto y líquido de insomnio y ni así funcionaba.

Y lo demás... casi mejor que lo descubras por ti mismo, ¿no?

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lunes, febrero 18, 2013

Respirar, a duras penas

A menudo siento que me miras  a escondidas, pero aunque lo intentes, noto tu mirada, ahí haciéndome cosquillas en la nuca,  como un niño travieso que intenta colarse por el cuello de mi camisa. A menudo siento tus manos deslizándose por mi cintura y apretando tu cuerpo con fuerza junto al mío. Siento como acompasamos nuestras respiraciones, sin intentarlo, sin esforzarnos, como parte del proceso natural de llegar a ser uno, con nuestras particularidades pero respirando al unísono.  

Ahora que tu respiración ha dejado de escucharse, que volvemos a ser suspiros discontinuos, que no he sido capaz de mantener el ritmo de mi respiración acompasada a la tuya, sobrevivo con exhalaciones confusas, irregulares, con esta especie de apnea inconclusa que permite el paso del aire justo para mantenerme con vida pero no el suficiente para llevar una vida regular.

Lo sé,  soy la única culpable, ha sido decisión mía permanecer intacta, inamovible junto a mi respirador, ese que ahora, oxidado, sopla para que no me desinfle por completo. Soy yo la que no ha sabido comprometerse de verdad, la que huyó asustada el día en el que nos conocimos,  el dia en el que me visitaste y casi todos los dias desde entonces.

Soy yo la que tiene demasiado miedo a tirar a la basura el respirador incluso cuando respirar era una actividad sana junto a ti. Soy yo la que huye ahora, porque se siente sin fuerzas para compartir respiración,  sin fuerzas para seguir intentándolo,  sin fuerzas, sin más.

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Son tiempos difíciles para los soñadores...
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