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viernes, febrero 13, 2009

Yo

Ego, yo, yo misma, alter ego, superego, y siempre yo, yo y yo. Yo dando vueltas alrededor de mí misma, yo pensando en mí, yo pensando que tú piensas en mí, pero al fin y al cabo siempre yo.

Ego, según la RAE, algo relacionado con Freud, un yo parcialmente consciente, ego y yo. ¿Parcialmente consciente? ¿hasta qué punto? ¿Dónde queda la inconsciencia y dónde empieza la consciencia? Algunos egos son más conscientes que otros, y eso no lo puede dudar ni el mismísimo Freud.

Ego, según Freud, mediador entre el Ello, lo que quiera que sea eso, y el Superyo. ¿Superyo o super Ego? ¿Cuál es la diferencia? Al fin y al cabo, todo es yo, todo tiene que ver conmigo y todo termina siendo y será siempre yo.

Ego, según la segunda acepción de la RAE, exceso de autoestima, y autoestima como la valoración positiva de uno mismo, es decir, la valoración positiva del yo, es decir, yo y siempre yo.

Ego, para ti y para mí, Ego es mi problema, mi obstáculo y mi desahogo. Ego es la forma que tenemos de vivir, la tuya y la mía, que al final no deja de ser sólo la mía, porque al fin y al cabo tú eres yo y siempre yo.

Ego, yo, yo misma, alter ego, yo en torno a mí, tú en torno a mí, él en torno a mí, y mi vida que gira en torno a mí y sólo en torno a mí. Ego, sin más ni menos, simple Ego, es lo que me sobra y lo que tengo, lo que me falta y lo que quiero, Ego, simple y llanamente Ego.

Ego, según ellos, lo que escasea en mí, lo que no encuentro, lo que necesito y lo que refuerzo. Ego, como simple analogía de mi realismo absurdo y de mi bien fingida modestia, Ego, como solución a los problemas, Ego.

Tanto tiempo escondiendo y disfrazando mi forma de ser, que no se dan cuenta de que todo lo que me sobra y me molesta, todo lo que me entristece y enorgullece, todo eso no es más que EGO.
Epicentro 23 Enero 2007

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domingo, mayo 25, 2008

La distancia

La distancia es mucho más que este puñado de kilómetros que existe entre nosotros, la distancia es este enorme silencio que nos separa.
La distancia es un pequeño parásito que recorre nuestro cuerpo poco a poco.
La distancia es el susurro de tu voz a través del teléfono.
La distancia es ver a tu padre adelantar con el coche la guagua en la que viajás.
La distancia es una estación de tren.
La distancia es saber que la otra persona está oficialmente a miles de kilómetros cuando aún se encuentra al otro lado del control del aeropuerto.
La distancia es un agujero negro en el fondo de nuestros corazones.
La distancia es la forma de tu cabeza en la almohada.
La distancia es esperar dos meses a que llegue la edición de este mes y dos años para poder comprar su último disco.
La distancia es una casa al final de una calle estrecha.
La distancia no sos vos, soy yo, rodeada por mi castillo de corazas.
La distancia es sentir que estás a mi lado cuando tus pensamientos están a miles de kilómetros de esta conversación.
La distancia es quedarse sin aquella increíble oferta porque alguien ha pujado un segundo después de ti.
La distancia es una isla pequeña en medio del océano.
La distancia es estar acá y sentirse allá.
La distancia es subjetiva, inmedible, etérea, abstracta. La distancia que me separa de ti es mayor que la que te separa de mí.
La distancia es tener que guardar en un pequeño cajón todos los abrazos que me apetece darte cada día.
La distancia son los segundos de retraso que tienen irremediablemente nuestras palabras a su paso por los cables del teléfono.
La distancia es una pequeña hormiga en medio de un jardín.
La distancia es la pared que separa mis opiniones de las tuyas.
La distancia es mirar a los ojos sin ver.
La distancia es pensar en mí y no en vos.
La distancia es querer hacer un regalo y regalar quince días de retraso y cinco euros de gastos de envío.
La distancia es un vago recuerdo.
La distancia es vivir en un mundo aparte y también pretender conquistar los mundos ajenos.
La distancia es el miedo a repetir un nuevo adiós.
La distancia es no ver más allá de nuestras narices.
La distancia es abrir un álbum de fotos y pensar que fue sólo un sueño.
La distancia es el devenir constante de personas que deambulan por nuestras vidas.

Cuando le de al “enter” cerraré esta ventana de conversación y me habré ido, lo que queda después es la distancia.

Epicentro 1. 10

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sábado, diciembre 01, 2007

A través de las rendijas


Madrid se viste de frío. Se viste de bufandas y de abrigos, se viste de gris.

[Cambiemos la escala de colores y redibujemos el mundo.]

Se viste de gris, pero es un gris dorado, azul, como este cielo que sonríe prepotente sobre nuestras cabezas. Y el frío se cuela por sus rendijas, esas que todos dejamos entreabiertas por miedo a perder los rayos de sol. Es un frío helado, constante, inteligente, que siempre sabe quienes no se han abrigado lo suficiente. Se esconde aquí o allá para aparecer cuando menos se le espera.

El frío de Madrid es astuto y descorazonado pero no profundo, no es un frío real, no te atraviesa a cuchilladas ni te congela el alma. Es un frío superficial, aparente, que viene con ganas de asustar pero le pierde su timidez y le pierde su pánico.

Ayer, él y yo nos sentamos a hablar con una cerveza de por medio. Me confió asustado que tiene miedo a desaparecer y que ya sabe que en algunos aspectos de la vida su marcha supondrá una mejora, pero que en otros Madrid, su contaminación y los madrileños podrían terminar pagando las consecuencias. Nuestra charla se alargó hasta muy entrada la madrugada, y con la perspicacia que me caracteriza conseguí que me contara sus miedos más secretos, aquello que le atemoriza de verdad, aquello que ve a través de las rendijas de las casas. Esas soledades eternas, ese orgullo petrificado, esos miedos helados, al futuro, al presente, al pasado; ese mundo que corre deprisa y se olvida poco a poco de amar despacio, esas tormentas internas que enmudecen el alma y congelan los sentimientos, esas miradas guardadas y esos silencios incómodos que pueblan el mundo.

Y luego se marchó, después de robarme las horas y arrancarme el corazón a hachazos. Se marchó, dejándome con esta especie de agua helada en medio del pecho, hurtándome mis emociones y olvidándome aquí, temblando de frío, odiándome por haberlo abrazado con tanta efusión y rezando por salir algún día de este gris oscuro.

[Cambiemos la escala de grises y redibujemos el mundo. Por favor.]

Alnitak. Epicentro 2.5: El Frío

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sábado, octubre 21, 2006

Bésame

Agosto 2002.Fue entonces cuando ella creyendo conocer por primera vez el amor, escribió estas palabras, escuchó esa canción y suplicó a gritos que la besara. "Bésame, mírame a los ojos y bésame", no necesitaba nada más.
Han pasado cuatro años, y ella ha dejado de suplicar, ha dejado de creer en el poder de los besos, ha dejado de confiar en ellos, incluso ha dejado de desearlos. Ha intentado en vano explicar lo que se siente, pero no lo recuerda.
Ha buscado a gritos un momento que recordar, una voz que gritara en susurros "Bésame", pero no ha encontrado nada. Y se ha puesto a divagar ante el papel en blanco, se ha puesto a soñar y se ha olvidado de besar de nuevo.
Ha olvidado que no existen palabras para pedir un beso, que los besos no se piden, se dan, que los besos se piden con miradas y se escriben con momentos, que los besos se sueñan y se viven con igual intensidad. Ha olvidado lo que significa “bésame” porque jamás lo escuchó de nadie, ha olvidado lo que significan los besos, porque jamás le pidieron uno y jamás los pidió.
Ha olvidado por olvidar, porque en realidad nunca recordó el olvido más que ahora.

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Son tiempos difíciles para los soñadores...
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