Ella
Y, simplemente, no dije nada, hablé mucho, pero no dije nada, y me subí a la guagua, y me dediqué a mirar por la ventana, hasta que alguien, una antigua conocida del colegio, se sentó a mi lado y me preguntó por mi vida, ¿mi vida?
(suspiro)
Y llené conversaciones vacías, y hablé de mi historia, sin mi historia, hablé de cosas sin importancia, y entonces, al subir una montaña, ella apareció ahí, imponente, brillante y única, la luna se alzó dorada y roja en un atardecer precioso, ella estaba ahí justo un poco por encima de la línea del horizonte, sin mirar ni ser mirada, mostrándose una vez más mucho más bonita que ese sol que parece mucho más fuerte que ella, y corté la conversación superficial, ¿no la ves?, ¿no te maravilla? ¿no te cuenta nada?, dos segundos, y mis palabras cayeron en saco roto, intenté fotografiarla y se escabulló, "mírala que astuta la luna no pide cuentas al sol", y cuando por fin aquella guagua me dejó mirarla a la cara, sin ventanas, sin cristales, decidí hacerlo, porque no es momento de empezar a mirar a la luna de reojo.
La luna posee la suficiente claridad como para iluminar sin deslumbrar. Permite apreciar las formas pero no los detalles. Así que no podría estar más de acuerdo, miremos de reojo al sol y de cara a la luna. Es la única manera de ver.
La Luna es capta la mirada y el Sol la rehuye... a lo mejor ese es el motivo por el que observemos más en la oscuridad y que sea más díficil ver cuando nos rodea la claridad.
Un saludo :)
Dorian, al Sol hay que mirarlo también de frente de vez en cuando, ya que cuando te quedes ciego podrás enfrentarte de nuevo a él sin esperar dolor y sufrimiento.
Luego, cualquiera de nosotros, si sabemos mirar a la luna de frente podremos apreciar que alrededor de la misma sólo hay oscuridad, algún puntito de luz y muchas lucecitas provenientes de los aviones que sobrevuelan el cielo buscando tejados por donde mirar.
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