Amores de verano sin verano
Soñar despiertos. Mirarnos cara a cara bajo las sábanas. Escuchar de fondo a Frank Sinatra y a Björk a ratos, a cuadros. Hablar sin pronunciar palabras. Besar sin usar los labios. Sentir como todo el deseo y la magia del mundo se está reuniendo a nuestro alrededor. Visitar otros mundos y otros sueños sólo con un chasquido de nuestros dedos. Ver el color de tu aura. Sentir bajo la piel el roce de tus murmullos. Estar seguros, absolutamente seguros. Asegurar que los sábados son púrpuras y las aes de color turquesa (una yo y otro tú respectivamente). Estremecernos con los pasos de todos esos duendes que rozan nuestra piel sin querer, intentando no molestar mientras construyen a nuestro alrededor esta pequeña burbuja. Sentirnos sanos y a salvo. Perder el tiempo y recuperarlo junto a tus pestañas. Besos de mariposa y retratos con pintura de dedos. Sentir la piel de naranja y notar cómo se eriza el vello poco a poco. Aspirar el olor de esa nube que se forma entre tu cuerpo y el mío, esa que nos mece como un niño a su madre, esa que nos asegura que no hay nada más allá. Sentirnos uno. Vivirnos uno. Crearnos en uno nuevo. Solapar momentos y establecernos juntos en esta cama. Y después, mucho después de todo eso: ser conscientes de que hace ya mucho que conseguimos parar definitivamente el tiempo.
Leer más...
