Hogar abierto
Mi hogar sabe a minúsculas gotas
de miel sobre los párpados
de hiel sobre los sueños,
aún se respira canela y chocolate
en el incesante suspirar de sus ventanas abiertas
y en el recuerdo oblicuo de vidas paralelas.
Mi hogar se sostiene sobre cuatro girasoles insumisos
y se ilumina, en momentos provisionales,
con el ardor de mis cinco lunas
una por cada beso que se marchitó en la hoguera.
Aún me despierta cada noche
el aullido de las magas secuestradas
y el olor a elixires sagrados
en la llama de las velas extintas,
aún, en estas paredes vacías,
siento el rugir de las diosas en mi pecho.
