martes, noviembre 03, 2009

Índigo

Por la ventana del pasillo entra la luz de la luna esta noche, como todas las noches en las que la luna me castiga y me desata y no se apiada de mí mientras revuelve mis pensamientos con jirones de locura, de reflexiones y de sueños, mientras me traspasa su locura, así a cuentagotas, con la punta de los dedos, con las páginas de todos los diarios que nunca llegué a escribir.

En estos días, la imagen irreal de las sábanas tintadas por los haces de luna es el detonante para poner en marcha los conjuros de todas las brujas urbanitas que continúan vivas en el bajo de las escaleras de los zaguanes olvidados y se reunen endiosadas a planear la forma de manejarnos como marionetas insípidas, alienadas, insulsas, autómatas e impúdicas.

Y a veces conmigo lo consiguen, porque me dejo convencer, me deslizo y me rindo a sus sortilegios, porque me hechizan los tacones de aguja que nunca usé y la excusa perfecta de sentirme bajo encantamiento para poder dedicarme a vivir plenamente, sin prejuicios, sin límites, sin convenciones sociales, sin miedos.

La magia que despiden sus ojos de color índigo, inquietamente penetrantes, es también el color de las auras marcadas bajo sus encantamientos y el del rastro que dejan las pisadas de sus víctimas en el bordillo de todas las aceras de la ciudad donde ellas les obligan a detenerse a hacer acrobacias peligrosas antes de salir a comerse el mundo.

Hace tiempo que soy incapaz de ver el rastro de mis pisadas y mis músculos no me permiten repetir las acrobacias que hace unas semanas realizaba sobre el bordillo con tanta facilidad, incluso le he pedido a él que baile para para mí en el límite de la acera antes de que se marchara a demostrarme que es capaz de vivir en un carpe diem continúo y me trajera las pruebas de sus historias, y no tuvo problema para hacerlo. Sus pisadas azules se quedaron profundamente marcadas frente a mi portal incluso más vibrantes que las que yo conseguía dejar en mis mejores épocas.

Hoy al mirarme en el espejo bajo el reflejo de esta luna insidiosa me he preguntado si la culpa de mi impotencia para dejarme hechizar no la tendrán estas pupilas color azul oscuro que me miran desde el otro lado del cristal.

4 comentarios:

Jose Jaime mar. nov. 03, 11:46:00 a. m.  

Un texto muy bien escrito, con mucha enjundia.

El colo es precioso.

Abrazo

Náufrago,  mar. nov. 03, 02:52:00 p. m.  

"Muy impersonal", ya veo.

Héctor mié. nov. 04, 01:58:00 a. m.  

Que bien escribes jodía.

Yaiza jue. nov. 05, 11:24:00 a. m.  

Eres una de las pocas personas que me encantan (del encantar de las serpientes) con sus perfectas combinaciones de palabras. Siempre encuentras los zapatos perfectos.

Un beso!

Son tiempos difíciles para los soñadores...
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