miércoles, febrero 08, 2012
lunes, diciembre 26, 2011
Desesperación
Me desespero. O no sé si a esto se le puede llamar desesperación o indecisión. Es la vuelta a la situación de siempre. Miedo, demasiado miedo. Miedo a lo desconocido, miedo al fracaso, a estarme equivocando, a que cualquier reacción hacia adelante haga cambiar el status quo éste en el que vivimos, en el que ninguno de los dos es infeliz, pero tampoco completamente feliz. Y en el fondo no es más que eso, miedo a entregarse del todo, miedo a reconocer que quizás estaría dispuesta a darlo todo, a cambiar de vida, de ciudad, de sueños por saber qué es esto que me sube por el estómago y se me clava en medio del pecho y hace que me cueste respirar, miedo a arriesgarse. Pero, ¿no he vivido ya antes esta historia? ¿No he creído estar enamorándome de ti una y otra vez durante los últimos dos años? A veces me pregunto si no lo habré estado siempre, enamorada digo. Ahí, en el fondo, como esos instintos que no sabemos que existen, pero que quedan muy adentro y aparecen cuando una menos se lo espera, que reaccionan ante momentos de la vida, ¿y no será ésta una de esas reacciones incontroladas? Un impulso hacia adelante, hacia algo que llevamos tiempo intentando ocultar, pero aún más tiempo intentando entender. Un impulso o una explicación a los últimos dos años, a la relación que nos ha unido o desunido durante este tiempo, a esa relación que ni tú ni yo ni nadie entenderá nunca, aunque en el fondo sienta que las relaciones no se entienden, se viven. Creo que es justo eso lo que hemos hecho, vivir, a pesar, por ella y también a parte de ella. De la relación, digo, o de lo que sea que es esto o aquello que vivimos.
De repente suena ese bip del teléfono, y es pronto, quizás demasiado pronto o demasiado tarde para estar en la cama. Y te leo entre las letras de una canción, te leo entre sus líneas y aunque no quiera creerlo sé que esos versos son mucho más que unos acordes sueltos, que no están elegidos al azar, que son las 9.30 de la mañana y que hay cientos de personas a las que podías habérselos enviado. Y me quedo enganchada a él, al mensaje digo, porque no sé cómo reaccionar al mismo, ni cuál es el paso que esperas que dé, si es que esperas alguno.
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jueves, noviembre 24, 2011
Las palabras se las lleva el viento
Demuéstrame con hechos que me amas,
bésame con el rubor del primer día,
abrázame con el miedo del primer contacto,
roza mi piel con miedo a que se rompa,
y con la ternura de los tesoros preciados.
Devuélveme las lágrimas que te bebiste,
siéntate a mi lado cuando notas que tiemblo
[de miedo, de emoción, de frío
escúchame aunque sólo murmulle entre llantos,
háblame cuando sientas que no te escucho,
deséame cada día, cada hora,
enloquece junto a mí,
electrifícate, cárgate de mi energía.
Déjame también que te cuide,
que te extrañe, que te sienta, que te bese y te abrace,
déjame que te susurre al oído,
que te acune en momentos difíciles,
que te haga reír, enloquecer, cárgarte de energía,
pero no digas que me amas
que las palabras se las lleva el viento.
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