Quiero escribir
Quiero escribir, y no puedo. Quiero escribir y no sé de qué ni sobre qué. Me gustaría tener un libro de mil pequeños cuentos escrito en mi cabeza. Todos deberíamos tener uno así, al menos aquellos que nacemos con ganas de escribir, aquellos que deseamos escribir por encima de todas las cosas, aquellos que fingimos que nos importa más la vida que este pedazo de papel. Sería sencillo buscar una palabra -por ejemplo, payaso- buscarla como quien busca en un diccionario, y toparse con un cuento, -no necesariamente con nariz colorada, no necesariamente con zapatones grandes-, no necesariamente con final feliz, pero un cuento, uno que poder poner sobre esta hoja en blanco, uno con el quitarse esta intensa sensación de desnudez.
Podríamos buscar una profesión -por ejemplo, ladrón- y escribir una misión imposible, una fecha límite, un plan, un horario, unas condiciones laborales adecuadas, un uniforme, unas herramientas necesarias y escribir en una noche la historia de una forma de vida, podríamos inventar -o encontrar en el diccionario- algunos personajes secundarios -por ejemplo, dos ladrones, algún hippie, un bañista, algún guardia, dos bebés, un oso de peluche, un par de payasos, un pollo, y unos cuantos pitufos- y escribir en una noche la historia de una vida con sus romances, sus amistades, sus bromas, sus sinsabores, sus risas y sus relaciones, sus besos, abrazos y tristezas compartidas; y rellenar esta hoja en blanco con la historia del mundo.
Podríamos buscar una forma vida -por ejemplo, volvamos al antiguo oeste- y descubrirnos en la piel de ciertas bandidas, buscadas y acosadas por la justicia, temidas y evitadas por los habitantes de la zona, podríamos crear un mundo sobre sus fechorías y sus derrotas, sus botines y sus rehenes, y escribir en una noche la historia de unas personas con sus sentimientos y sus vanidades, sus orgullos y sus aspiraciones, podríamos inventar algún personaje de su vida -por ejemplo algún obrero, Pippi Langstrump y la abeja Maya- e investigar y dibujar sobre este papel el esquema de sus relaciones y sus inoportunas -o no- coincidencias.
Podríamos... pero yo sigo sin encontrar ese libro de cuentos en mi cabeza, y sigo teniendo una página en blanco que rellenar para este viernes, a ver si de repente me canso de escribir, me pongo el pijama y me voy a la cama. Sería lo más sencillo...
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