viernes, octubre 15, 2010

Mares de sabiduría

Lo que escucho desde aquí es el sonido del mar como todas las mañanas desde hace años, invariable, pero tranquilizador como siempre, con el sonido capaz de adormecer y de cambiar escenas.

Este mar lleva años ayudándome a cambiar las mías, una ola y fundido a blanco, un paseo por la arena, música fade in y cortinilla, un atardecer, primer plano del sol, fundido en blanco, y los créditos que no llegan aún, la vida que sigue.

Lo que escucho desde aquí es la sinrazón de las horas perdidas, junto al camino, esperando una vida que no terminaba de llegar, es la tristeza del tiempo empleado en esperar sin vivir, en esperar soñando con no soñar, es la verdad, es lo que he estado haciendo durante meses, quizás años, ¿se puede ser más tonta?

Este mar me recuerda a mis miedos, a los que siempre me dejo dentro, aquellos de los que me desnudo poco a poco con cada ola, aquellos que la vida me obliga a vestir al salir, cuando el mar se aleja de mis pasos tanto como el tiempo bien empleado.

¿Cuántos besos me habré perdido en el camino? ¿Cuántos sueños? ¿Cuántas sonrisas y cuántos abrazos? Lo que escucho es el mar que grita, que se rebela, que me pide a gritos que me desnude, que me deje arrastrar, que me sumerja como antaño, que me deje curar una a una las heridas, que cicatricen los golpes y que renazca nueva y vacía, vacía de reparos, de máscaras, de barreras invisibles pero infranqueables y que me llene de vida, que merece la pena.

5 comentarios:

Anónimo,  sáb. oct. 16, 01:26:00 a. m.  

(pero asiduo)

Gracias a tu regreso los insomnios se hacen más llevaderos.

El poso que me deja este texto tuyo me recuerda a aquellos versos de Luis Rosales:

"Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan

para morir;

y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,

hasta la última,

hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente,

así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de cartón

en el baño,

sabiendo que jamás me he equivocado en nada,

sino en las cosas que yo más quería."

Anónimo,  dom. oct. 17, 10:41:00 p. m.  

Eso digo yo, ¿cuántos me habré perdido?

Anónimo,  dom. oct. 17, 11:45:00 p. m.  

Qué melancolía. Está bien saberse perdida entre las olas.

Un beso

Anónima ;P

Alnitak lun. oct. 18, 03:12:00 p. m.  

Anónimo 1: Una vez conocí un blog basado en ese poema que se perdió en el agujero negro de internet, a ver si lo recuperan.

Anónimo 2: ¿Cientos, miles? Quizás tantos como segundos que tiene una vida, pero tenemos aún otros tantos cientos y miles de segundos para recuperarlos. Lo importante es darse cuenta a tiempo.

Anónima: Las olas son lo mejor de este universo, tan aparentemente insignificantes y tan grandes, tan curativas, tan reales.

A los tres: ¿Qué pasa? Que cuando hay que hablar de sentimientos nadie quiere dar la cara, tendré que cambiarle el nombre al blog y ponerle algo así como "Caóticos Anónimos". En realidad, me gusta el nombre. :-D

La olivina vie. oct. 22, 08:36:00 p. m.  

Muy buena entrada Davinia!
Me ha encantado que hayas usado al mar de protagonista en esta ocasión... Para mi también simboliza muchas de las cosas que cuentas en este post. un besito gigantesco

Son tiempos difíciles para los soñadores...
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