miércoles, noviembre 11, 2009

Íntimo y personal

En el lugar del que vengo las nubes, que nos visitan sólo de vez en cuando, no miden más del equivalente al uno cincuenta de la medida de la altitud. Son nubes bajas, ínfimas comparadas con sus primas madrileñas, y han aprendido el arte de disfrutar de las cosquillas de los pinos en el vientre y del eco de la música de taifas que desciende por los barrancos.

Allí basta con elegir un avión al que le guste volar más o menos alto para atravesar el manto de nubes por el hueco de algún ombligo y tenderse a coger el sol a temperaturas de más de 25 grados centígrados sobre la alfombra rosada que surge de los rayos de sol que se entretienen jugando con ellas.

En el lugar del que vengo los peces juegan a deslizarse entre los pies, huyen de los niños traviesos, buscan trocitos de pan escondidos entre los dedos y bajos las uñas y se escabullen, como en todas partes, cuando vislumbran alguna red que se empeña en darles caza.

Allí, en ese mismo lugar, el mar frío y seductor acaricia los cuerpos desnudos y se deleita con enamorados que hacen el amor en pleno día bajo sus aguas. Ese mismo mar es torbellino, ira, corrientes, temor y olas de más de cinco metros de altura y cobra intensidad cuando llegan las mareas del pino, pero es también calma, tranquilidad, sosiego, paz, serenidad y anestesia.

En el lugar en el que nací las gentes son amables, sonrientes y deambulan con vientos calmos, no precisan de citas prefijadas ni huecos en la agenda, rehuyen las histerias estresantes, gustan de vestir ropas tradicionales en el rememorar y en la melancolía o la locura que se desata en sus variadas fiestas, y despliegan raudales de creatividad, originalidad, habilidad y fantasía en la confección de las vestimentas correctas para dejar de ser ellos mismos durante unas cuantas semanas al año.

Allí, en el lugar en el que me crié, las chicas son altas y guapas, tienen la tez dorada por el sol y la suavidad de los alimentos de la tierra en el rosado de sus mejillas, miran a los ojos con dulzura, a través de unas pupilas color miel y los reflejos dorados que el sol y el mar han pintado el los mechones de su pelo. Ellas llevan la gracia de sus gentes guardada en los hoyuelos de la sonrisa, la talla media de sus sostenes supera la media nacional y disfrutan, mucho más que la mayoría, de la ropa interior alegre y colorida, según las declaraciones de la responsable de una conocida franquicia comercial.

Las chicas del lugar del que vengo, se sientan a mi lado en el avión cuando vuelvo de visitar mi entrañable continente en miniatura y me recuerdan que lo único que anula mi pasado tropical es no parecerme a ellas ni una pizca. ¡Qué asco de féminas!

3 comentarios:

Roberto mié. nov. 11, 07:36:00 p. m.  

pufff...pusiste un deslumbre de fuego y poesía en mi día gris de otoño...


aireaste mi cuarto, las ventanas traen presagios de dicha...

mi próximo viaje tiene que ser alli!

un beso

Yaiza mié. nov. 11, 09:26:00 p. m.  

Jajaja, qué bonita tierra esta, ¿eh? Y sonreí en lo de la talla del sujetador (que supera con creces la de la media nacional) y en lo de la tez morena (porque hay que ver qué poco canarias somos en eso!!). Un texto lleno de idas y venidas. Muy bonito.

Besitos de sal y nubes bajas enterito pa ti.

jordim jue. nov. 12, 12:49:00 a. m.  

Bonito texto, sigue en ello, tienes puntería..

Son tiempos difíciles para los soñadores...
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